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Si Nadie lo Inventa, lo Inventaré Yo Misma. 
Esto fue lo que vino a decir Josephine Cochrane (1839-1913), una acaudalada dama norteamericana, ante el grave problema doméstico que sufrÃa. Y es que Cochrame necesitaba urgentemente una máquina que le lavara su fina vajilla.
Josephine Cochrane, nieta de John Fitch, constructor del primer barco a vapor de América y casada con un importante polÃtico de Illinois, seguramente no tuvo necesidad de lavar un plato a mano en su vida, pero su fina vajilla china la traÃa a mal traer. Estaba harta de que sus “torpes†sirvientes le rompieran alguna de sus piezas cada vez que la fregaban.
Necesitaba una máquina que evitara la manipulación de la vajilla y al no encontrar nada que le sirviera fue cuando pronunció su más sonora frase:
!Si nadie inventa una máquina de lavar platos, la inventaré yo misma.¡Y dicho y hecho. Se puso manos a la obra y desarrolló un artefacto que, aunque algo rústico, resultaba bastante efectivo.

Este consistÃa en una caja de madera con compartimentos individuales de tela metálica para platos diversos y distintas piezas de la cristalerÃa. Estos compartimentos se ajustaban alrededor de una rueda montada en una gran caldera de cobre. Mediante un motor de vapor, la rueda giraba y salÃa agua jabonosa caliente del fondo de la caldera que llovÃa sobre la vajilla.
Esquema de la máquina
Detalle del compartimento de los cubiertos.Con su invento gano el primer premio en la exposición universal de Chicago de 1893, por lo que con su registro de patente Nº 355 139, se decidió a comercializarlo aunque sin demasiado éxito.
Documento de la patente original de 1886, con la firma de Josephine Cochrane.Sólo consiguió vender alguno en hoteles y restaurantes ya que en las casas de entonces resultaba demasiado complicado conseguir la cantidad de agua hirviendo que requerÃa el invento y aunque desarrolló uno más pequeño adaptado al hogar medio americano, tampoco se venderÃa demasiado.

No será hasta la segunda mitad del siglo XX que el mercado de lavavajillas, ya con tomas de fontanerÃa en las casas, comenzarÃa a ser rentable, algo que la señora Cocharane no llegó a ver.
Nota: Aunque un tal Joel Houghton también habÃa patentado anteriormente otro aparato lavavajillas, este resultó ser inviable. Asà que la paternidad de la máquina lavavajillas se le otorga a Josephine Cochrane.
Fuente:http://historiasconhistoria.es/2008/06/30/si-nadie-lo-inventa-lo-inventare-yo-misma.php